La verborragica y ansiosa descarga de un corazón solitario puede ser tan buena como mala. El no piensa, no analiza, no conjuga bien con la psiquis sino que suele ser como un niño aprendiendo a caminar o un perro buscando su hueso. Corre, gatea, camina, muerde, mima, duerme, llora, se alimenta con casi todo lo que encuentra sin razón, sin control.
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